Niños en la calle

El Niño de la Calle es víctima de la Descomposición Familiar

¿De dónde han salido esos 800 niños que han poblado Don Bosco Roga a lo largo de diez años de funcionamiento? ¿Por qué estaban y vivían en la calle? ¿Qué les lleva a eso? Son preguntas que tantas veces se nos han hecho.    

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 La clave está en la familia

Detrás de cada niño que vive en la calle hay un grave problema familiar; o una familia que no existió nunca, o que se deshizo. Lo más común es el problema del padrastro: la mamá del niño está con otro hombre, al cual no le hace ni pizca de gracia el muchachito; al revés, le estorba. Entonces vienen los maltratos... hasta que el niño no aguanta más, se va. El padrastro queda contento porque se siente libre de un peso y de un estorbo; la mamá, ante la alternativa de perder al compañero o tener al hijo por la calle, elige el mal menor: perder un hijo para salvar al resto... Y es que suele haber otros hijos menores que necesitan imperiosamente de ese hombre.

 

 

Otras veces la causa tiene que ver con el dinero. El canillita o caramelero o lustrabotas tiene que llevar, sí o sí, un diez mil cada día a casa, o cinco mil. Pero resulta que otros compañeros mayores le robaron, o se lo gastó en juegos electrónicos, o perdió todo jugando oyavéa. Vuelve a casa frío por la pérdida de la plata y el padre - o la madre- lo calienta a garrotazo limpio. Procura que no vuelva a pasar, pero, ¡ay!, la naturaleza- y más la de un niño- es débil. Se encuentra de nuevo sin plata y entre el dolor de los garrotes- que todavía recuerda muy bien- y la intemperie de la calle prefiere ésta última, quizás con la esperanza de recuperar el dinero al día siguiente y volver... Pero esa recuperación nunca llega, todo lo contrario. Y ahí tenemos ya otro niño que se acostumbra a dormir en cualquier rincón, a disfrutar de la libertad plena de la calle, a comer lo que se le antoja y cuando quiere, a correr mil y una aventuras.

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En otros tiempos - ahora no tanto- la existencia de verdaderas barras de niños y adolescentes que poblaban y vivían en determinados lugares de la ciudad, llevando una vida totalmente callejera, era un atractivo para otros más jovencitos, que se incorporaban a la barra seducidos por los amigos mayores, por el arrastre de un líder o por el deseo de vivir una engañosa libertad. Una vez que entraban en el engranaje de la pillería o el robo y tocaban el dinero fácil y abundante, ya era casi imposible el camino de retorno.

Pero siempre, siempre, detrás de todo esto hay un problema familiar. No deja de asombrar, por más acostumbrados que estemos a ello, que tan poca gente llegue a Don Bosco Róga en busca de su hijo... Sabiendo, como mucha gente sabe, que allí van a parar los niños de la calle, es llamativo que muy pocas familias se acerquen. Y cuando saben que su hijo está allí, tampoco es que lo visiten mucho...

El problema, pues, es la familia, o mejor dicho, la descomposición de la familia. El niño no es el problema, sino la víctima del problema  y, en ocasiones, la solución.

Don Bosco Roga hace una labor de traumatología social, de curación de un mal ya avanzado...

Pero se impone una ingente labor de prevención: educación en el amor, preparación al matrimonio, apoyo a la familia.

Y en esto el sistema educativo, la Iglesia, los medios de comunicación, el Estado y otras instituciones públicas deben comprometerse mucho más... si no queremos seguir teniendo niños que huyen de su casa porque "no da gusto vivir allí".

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