Integrar al niño de la calle en una vivencia comunitaria
¿Qué proceso se sigue con los niños desde su ingreso a
la institución?
Cinco son las etapas des itinerario completo, cada una de ellas con sus objetivos y
características específicos.
Primera
Etapa: Ambientación
El niño llega a Don Bosco Roga por su propio pie, o traído por algún
compañero que trabaja en la calle y conoce la casa, o porque ha contactado con algún
educador que le orienta.
Los primeros días, o meses, vive bastante a su aire. Se le ofrece
alimentación y un lugar para dormir muy semejante al que tenía en la calle: el suelo de
una habitación comunitaria, con una modestísima colchoneta que no pasa de ser un trozo
de goma-espuma.
Tiene posibilidad de divertirse sana y normalmente suele salir a la
calle a continuar sus actividades anteriores (lustrabotas, canillita, caramelero ...).
El contacto con los educadores, especialmente con el encargado de su etapa y con los
demás niños que ya llevan tiempo en Don Bosco Roga, va despertando en él el deseo de
permanecer en la casa.
Cuando el niño solicita quedarse (lo que supone pasar a la segunda
etapa), sabe que debe demostrar buena conducta y que debe dejar la calle. Dos condiciones
importantes y a veces difíciles para niños acostumbrados a no someterse a ningún
horario y a andar por su cabeza. |

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Segunda
Etapa: Integración
Pasar a la segunda etapa supone integrarse plenamente a la vida de esa
gran familia que es Don Bosco Roga, pasando el día entero en la casa. Supone también
empezar a frecuentar la escuela y responsabilizarse de tareas de limpieza de los locales y
patios de la casa.
Por la mañana, después de la oración y el saludo inicial, se ordenan
y limpian los dormitorios, baños y alrededores. Luego del desayuno, casi todos los de la
segunda etapa, van a la escuela hasta el mediodía.
Tras el almuerzo, quienes las necesitan tienen clases de refuerzo hasta
la merienda. A cargo de la segunda etapa está también, en este momento, la
limpieza de patios y otros lugares de uso común. Como siempre sobra tiempo, tienen un
buen rato para hacer deporte o jugar libremente; no hay que olvidar que el juego es el
trabajo del niño.
Después de merendar, mientras los mayorcitos van a los talleres
para aprender un oficio, los pequeños tienen más tiempo de
recreación y de actividades varias, que llevan hasta la cena, después de la cual se
puede ver un rato la televisión y.. a dormir. Ahora sí ya en camas de doble piso, en
dormitorios reducidos y debidamente acondicionados.
El objetivo fundamental de esta segunda etapa es la integración del
niño en una vida comunitaria, con todo lo que ello implica de adquisición de hábitos:
cumplir un horario, saber esperar la hora para comer, respetar el descanso propio y ajeno,
ser constante en la escuela, asumir pequeñas responsabilidades en la casa, lavar y cuidar
su ropa, saber trabajar y divertirse en grupo ...
El reverso de dicho objetivo no es menos interesante: dejar la calle y
desintoxicarse de todo lo que en ella esos niños vivían: agresividad, robo, peligros
morales, explotación económica por parte de adultos, drogas (tabaco, alcohol y
otras...). |

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Tercera
Etapa:
Trabajo, Cualificación y Acercamiento a la Familia.
Cuando el niño cumple cierta edad y ha demostrado buena integración
en la vida común, puede ser promovido a la tercera etapa.
En ella empezará a desarrollar actividades prelaborales. Dicho más fácil: empieza a
trabajar (hace bloques para la construcción, palos de escoba, tejido de alambre u otras
actividades). Esto le lleva entre dos y cuatro horas por la mañana.
Por la tarde entra en la escuela, donde tiene la oportunidad de
completar los estudios primarios o incluso de iniciar la secundaria.
Después de la merienda y hasta la hora de cenar es su turno en los talleres, en los
que se cualifica aprendiendo uno o más oficios, tales como plomería, soldadura y
herrería, automoción, electricidad y albañilería. Los talleres, así como la escuela,
funcionan en la misma institución.
Como se ve, no tienen tiempo para aburrirse. Cuando van a descansar en
sus dormitorios, que incorporan alguna comodidad más que los de la segunda etapa, caen
rendidos y duermen tranquilos. Lo más original de esta etapa es la educación en y a
través del trabajo y la cualificación profesional.
Otro aspecto digno de destacarse es el acercamiento a la familia. Si no
se ha hecho en las anteriores etapas, se hace en ésta. Se averigua su situación (no
todos la declaran de entrada), una asistente social toma contacto con la familia, se le
invita al niño a visitar su casa de vuelta (acompañado, normalmente, la primera vez). Se
le invita también a pasar con los suyos algunos fines de semana, en Navidad, en Semana
Santa..
No hay que ponerles hora de regreso. Por desgracia, regresan
espontáneamente antes de lo que los educadores desearían. No es fácil que se encuentre
cómodo en casa quien por algún motivo salió de ella y se echó a la calle viviendo en
condiciones precarias e incluso inhumanas.
Pero, poco a poco, con el paso de meses o años, el muchacho se
ablanda, se serena y restaña sus heridas. Quizás queda algo de recuerdo positivo en su
infancia y empieza a aflorar y cobrar importancia. En este momento hay muchos que ya dan
el paso de quedarse, primero tímidamente, y luego en forma definitiva, con sus
familiares.
Cuarta Etapa: Paulatina Inserción Social
Para aquellos (no muchos) que no dan el paso del retorno, sigue la tarea de
relacionamiento con la familia y se avanza en lo laboral. Si es posible, que trabajen
fuera de la casa, en el oficio aprendido.
No es tarea fácil: las exigencias laborales son muchas y fuertes, y la resistencia de
estos muchachos es poca y débil. No son raros los fracasos a la segunda y tercera semana.
Algunos empiezan también a seguir fuera los estudios secundarios, aunque se pueden contar
con los dedos de la mano los que culminan el básico. |

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Quinta Etapa: Despedida
A este punto algunos llegan directamente desde la segunda o tercera
etapa. Otros, abruptamente, cortan el cordón umbilical con Don Bosco Roga, yéndose al
cuartel, cosa que les atrae bastante.
Saben que, a la vuelta del cuartel, podrán volver a Don Bosco Roga, pero ya como ex
alumnos, no para quedarse.
No faltan tampoco los que se despiden y.. vuelven al poco tiempo, reiniciando el proceso
desde los primeros pasos si es necesario. Lo cierto y lo positivo es que
varios centenares de niños y jóvenes han podido volver a reencontrarse con sus padres o
algunos familiares, reinsertándose en la vida familiar, después de haber pasado meses o
años viviendo en la calle y también meses o años en Don Bosco Roga.

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