Nuestra Misión

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Padre Martín Rodríguez
Fundador de Don Bosco Roga

El objetivo que se propone Don Bosco Roga no es tener muchos niños; ¡ojalá no quedase allí ninguno! Lo que se pretende, como meta final, con cada uno de ellos, es que se reinserten en algún tipo de vida familiar: si no pude ser con los padres, al menos con la abuela o algún otro pariente.

Pero para que ello sea posible a veces tienen que pasar meses o años, a lo largo de los cuales el niño se serena, se adapta a la convivencia social, se equilibra emocionalmente, adquiere los hábitos fundamentales de conducta social y se desintoxica de las "vivencias" de la calle.

Durante su pasantía por Don Bosco Roga, al niño se le ofrece una formación lo más integral posible.   En forma progresiva se le educa en valores y hábitos sociales tales como la convivencia, el trabajo, la higiene, etc...

Puede frecuentar la escuela que ahí funciona completando su primaria. Aprende uno o varios oficios en los talleres y desarrolla actividades prelaborales por las que recibe una compensación económica, la cual le permite manejarse con cierta autonomía para sus compras de ropa, sus gastos de diversión y otras necesidades personales.

Tiene abundantes momentos de recreación personal y en grupo, es atendido en su salud y se alimenta sana y suficientemente.

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El sustento y fundamento de toda esta oferta es el cariño con el que es aceptado y tratado por los educadores, lo cual le ayuda a entrar en otra dinámica de relacionamiento (casi siempre desconocida para él)  y a hablar otro lenguaje distinto del de la violencia, el insulto y la agresividad.

Los resultados de estos diez  primeros años de trabajo son halagüeños. Han pasado por Don Bosco Roga  casi 800 niños, entre los que contamos a los más de 100 residentes actuales.

Los restantes están casi todos en sus casas o incluso han formado ya su propio hogar. Sólo una decena o algo más ha ido a parar de nuevo (porque de ellas provenían) a instituciones penitenciarias o correccionales.

Modestamente, podemos decir que gracias a la acción de Don Bosco Roga y a un par más de instituciones semejantes, el problema de los niños que viven en la calle, si no ha desaparecido, está al menos controlado en Paraguay. En efecto, no encontramos en estos momentos pandillas o barras de niños durmiendo en cualquier rincón de la ciudad: se dan, más bien, casos aislados o pequeños grupos, especialmente en torno a Calle Ultima. Y ya no hay niños que lleve uno, dos tres, y hasta siete años viviendo en la calle; los que llegan a Don Bosco Róga (ya no hay que buscarles: vienen solos o traídos por otros compañeros)  apenas llevan uno o dos meses fuera de su casa. Y ello, obviamente, facilita su vuelta a la familia.

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Escuela, talleres, educación social, vuelta a casa: éstas son las buenas noticias sobre los niños de la calle... Pero se nos presentan también algunos interrogantes muy inquietantes: ¿Seguirá habiendo niños en las calles? ¿Quién alimentará a los niños de la calle durante este año? ¿Cómo salir al paso de los gastos que supone su educación?.

 Tal vez usted puede ayudarnos a encontrar respuesta a algunas de estas preguntas...

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